lunes, 30 de agosto de 2010

storytelleres

Caracas, 18 de mayo de 2010

Silvia De Mascarenhas.

El vuelo de los pájaros…

Ella no era nada común. No era siquiera común entre los poco comunes. No había manera de etiquetarla. Por su manera de vestir parecía ser una chica regular, pero por su manera de hablar uno pensaba que habitaba en un mundo al que no teníamos entrada gratuita. Parecía maleducada al principio porque no saludaba si no lo hacía alguien primero. Pero poco a poco se hacía evidente que no era mala educación. Había algo más ahí.

-No salí de casa el fin de semana, solo me dediqué a observar el vuelo de los pájaros, ellos hacen lo que todos deberíamos hacer… –intervino con su tono nostálgico y pausado una vez en clase.

El profesor no pudo evitar poner cara de confusión la primera vez que hizo un comentario así. Pero con el pasar del tiempo, al igual que todos, el profesor se acostumbró a verse interrumpido por comentarios de ese tipo. “¿No les parece que vivimos en una especie de circo? Yo sí. Yo sería el domador…”. Nadie nunca supo con certeza por qué.

Escucharla se hizo costumbre. Se hizo necesario para todos. Sus comentarios agregaban una cierta ligereza al día a día. Removían la tensión de las clases, y sorprendentemente todos se encontraban reflexionando acerca de lo que decía.

Ella era amiga de todos y de nadie a la vez. Parecía feliz en su solitario paralelismo y de su mirada brotaba bondad aunque siempre se parecía ausente. Se convirtió en un imán de gente. Pero ella no parecía sentirse atada ni atraída por nada ni nadie.

-¿Hoy no vino, chicos? –preguntó el profesor al notar su ausencia un día.

Todos negaron con la cabeza.

-Eso es raro… –replicó el profesor encogiéndose de hombros.

Esa clase no fue a la única que faltó. Ni la última. No fue más.

-La verdad, es que hace falta –comentaba la gente -. Sin ella no hay con qué distraerse.

Lo cierto, es que ella en su ausencia quedó presente en la mente de todos. Ni un regaño ponía a pensar como lo hacían sus comentarios, aunque éstos quedaran inconclusos. “Debe estar trabajando la mente de otros –dijo alguien una vez-. De otros sin perspectiva”. Ojalá sea cierto.

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