Muchos pueden decir que no les importa lo que los demás dicen o piensan de él o ella, pero en el caso de la mujer venezolana es evidente que ésta vive para la imagen, y en este país no se puede negar que la mujer es simplemente coqueta. Ya sea se compre en el mercado del Cementerio o en el último piso del Sambil donde Ralph Lauren, Max Azria y Carolina Herrera exhiben vitrinas, la mujer de este país va y gasta, lo que le sobra o lo que ahorró, pero lo gasta, porque creen en el buen vestir, en proyectarse como imagen de lo actual. Y como creo que la moda es arte, entonces, la mujer venezolana es una gran artista.
Para mí, en este país existen dos tendencias, aquellas que vienen de la influencia europea, y esa que se crea para las masas que no pueden costear una compra en las franquicias como Zara y mucho menos en ropa de diseñador. Y aunque muchas veces estas tendencias no coinciden, me quedo fascinada al ver a las mujeres caminando por la calle con aquellos diseños repetidos, todas llevan el mismo tipo de zapatilla, tacón o sandalia y los mismos cortes de blusa y el pantalón tubito infaltable y me digo “a la mujer le gusta vestir aquí”.
Y con la vestimenta viene el “grooming”. Con ponerse la ropa no basta, el cabello debe estar bien peinado, las uñas impecablemente arregladas y los accesorios que vayan con lo que se tiene puesto, desde el sweater, pasando por la cartera, hasta el anillo delicado y simple que adorna el dedo anular.
Hace poco leí que la mujer venezolana estaba catalogada dentro de las mejores compradoras de moda aquí y en el extranjero y no pude evitar llenarme de orgullo. Porque así como nos regodeamos de que a pesar de las tormentas nadie nos quita los “bailao”(los típicos chistes después de un decepcionante resultado electoral), a la mujer venezolana, a pesar de la recesión y de no contar con la mejor posición económica, le sonríe a la vida vistiendo y sintiéndose bien. Así que creo que se debe hacer caso omiso a aquellos juicios que hablan de la moda como superficial. Si se está a gusto con uno mismo el mundo se pone a nuestros pies porque esa energía se proyecta y se reproduce, y francamente al venezolano le hace falta sentirse bien, sino, ¿de qué otra forma ponemos buena cara al mal tiempo?
Venezolana, salga a vestirse, a sentirse bien y a demostrar que la ropa es una imagen que proyecta la gran mujer que la viste. Tenemos una reputación que mantener.
Sil
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